31 de agosto de 2009
¡Hola soledad!
18 de agosto de 2009
La pasión de Gabriel…
Como en anteriores ocasiones he manifestado, mi vago conocimiento en cine no me permite hacer grandes aportes ni críticas, pero aún así no me impide comentar sobre este arte. No siempre va a significar elogiar las producciones - aunque de hecho, amerita hacerlo cuando realmente vale la pena- otras veces dar una negativa apreciación da pie para justificar un por qué y es por eso que hoy no vengo a echar flores, sino todo lo contrario a criticar.En una cercana oportunidad, fui a ver "la pasión de Gabriel" película colombiana que según los medios prometía bastante. Cuenta la historia de un curita alebrestado que tiene enredos con una muchacha del pueblo donde es asignado como párroco. Hasta ahí todo muy interesante, pues ese tipo de situaciones ponen al rojo vivo la controversia y dan de que hablar. Sin embargo, creo que debí haber esperado a que en algún domingo o festivo la presentara un canal de televisión nacional pues a mi juicio, no merece tanto como para pagar una boleta de cine.
La trama, de por sí es trillada pero no deja de ser interesante, de antemano se sabe que una historia cuyo eje central sean los líos de faldas de un sacerdote debe despertar comentarios, criticas y en este caso, lujuria. El padrecito aquel, recién pasado de los treinta, tiene furtivos encuentros amorosos con una jovencita -muy bonita por cierto- del pueblo y se convierte en una candente relación en la que prolifera el sexo, ya que las ganas incontenibles de desfogar los años de represión por causa de los votos sacerdotales en él, llegan a hacerse ciertas cuando la conoce a ella, lo que los convierte en pecadores enmascarados convertidos en nobles figuras sociales.
De ahí, nada mas interesante, un encontrón ideológico del protagonista tanto con los burócratas de la pequeña población como con los intimidantes guerrilleros que merodean la zona, dado que es uno de esos padres inquietos que trabaja mas allá de lo que los cánones eclesiásticos le permiten, eso hace que su vida penda de un hilo a cada instante y sea motivo para convertirse en enemigo acérrimo de ambos bandos a tal punto, que empiece a ser cuestionada su vocación como sacerdote por muchos de los pobladores.
Gabriel, luce una vestimenta poco usual en un pontífice, parece mas bien un hippie loco que llegó a un pueblo a cazar jovencitas, seducirlas y acostarse con ellas; por lo que no me convence del todo que se paseara por todo lado en pantaloneta y camisas raras color azul pastel o en su defecto sin ellas. El alcalde en cambio, vestía pantalones largos y camisas blancas de cuello, asemejando mas la imagen de párroco que el mismo protagonista (por su indumentaria, no por su físico, ya que en esto si pusieron a un hombre que tiene pura pinta de pícaro). Puede que yo sea demasiado pragmática y haya tenido tal impresión, pero en este caso es cuestión de convicción fílmica.
Me sorprende y me alegra que poco o nada se ve de drogas y narcotráfico, elementos clichés del cine colombiano, pero aún así va intrínseco el tema de los ya conocidos grupos al margen de la ley, su frecuente presencia en pequeñas poblaciones de la geografía nacional y el papel hostil que juegan siempre en estos lugares: Amenazas, matanzas y acecho a todo aquel que los contradiga, cosa no muy lejana de la realidad que por supuesto no podía faltar en la trama; lo que hace que a pesar de ser una historia aparentemente diferente, con otros matices, en el fondo resulta dando de lo mismo a los mismos.
No sé si serán esos tópicos tan usuales y predecibles lo que hizo que "la pasión de Gabriel" no me haya gustado del todo, no sé si la trama central perdió su rumbo porque uno cree que va a encontrar una historia perversa de los amoríos del religioso y resulta topándose con una cuestión socio-política de nuestra realidad y de eso ya hemos visto mucho, tampoco sé si es porque la protagonista, era quizás un personaje más que poco o nada hacía, salvo acostarse con el clérigo. El caso es que, en mi humilde opinión, quisieron hacer algo diferente, tomar nuevos caminos y repetidamente cayeron en los clichés de siempre con un argumento flojo.
Es bueno que se produzcan películas con mas frecuencia para que la calidad de estas sea cada vez mejor y que por eso el cine nacional empiece a tomar una importancia a nivel regional y cierto reconocimiento internacional, también es un punto a favor que los directores muestren nuevos rumbos en sus temáticas para así pasar del absurdo monótono de siempre a innovar en ellas para que salgan del tradicional esquema de la violencia y que de ahí en adelante las tramas poco o nada tengan que ver con nuestros sangrientos conflictos. Lo único malo, es que por ese afán de idear, dejan de lado lo mas importante: Seducir al espectador. Creo que en eso aún faltó algo de trabajo en "la pasión de Gabriel" Aunque, a decir verdad, desconozco por completo el verdadero rumbo del cine colombiano, de ahí a que mi opinión carezca de peso y no pase a ser mas que eso, una opinión.
Juzguen ustedes cuando la vean…
3 de agosto de 2009
¿A tí y a cuántos más?
17 de julio de 2009
Drama Bestial…
24 de junio de 2009
Oda a mi Atari...
Hace unos días acompañé a alguien a comprar una consola de videojuegos, fue de total sorpresa para mí enterarme de los elevados precios y las mil pendejadas que ahora traen. Esto me hizo pensar – y aunque suene retrógrado- en que para mí, lo único interesante en el tedioso mundo de los videojuegos es el famoso Atari. Esa colosal cajita cuadrada con forma de ladrillo y muy usada en los 80 y a principios de los 90 causa en mi cierta nostalgia por la cantidad de horas que me entretuvo durante mi feliz infancia, así que si en estos momentos volviera a ser niña preferiría tener un Atari que un X-box o un PlayStation. Lástima, los tiempos cambian, pero creo que yo no lo superé, nunca encontré otro aparatico que lo igualara.
Era interesante como los juegos estaban hechos de historias sencillas con héroes cándidos, las imágenes de mundos fantásticos eran pixeladas pero aún así, increíbles. No había introducciones con una historia de trasfondo, los personajes no tenían siquiera una cara definida y los escenarios eran planos y repetidos. Sin embargo, eso no importaba, los juegos se jugaban y ya. Finalmente divertían, y mucho.
Estrené el Atari con uno muy peculiar llamado Duck Hunt, con el cual se usaba una pistola y consistía en dispararle a unos patos en el cielo hasta matarlos, la idea era acumular de a 10 patos muertos en cada ronda para así ganar mas puntos. En caso de no lograrlo, salía en la parte inferior un mugre perro muerto de la risa burlándose del cazador. Este personaje era un constante reto para mí, pues de solo verle su cara ridícula me provocaba matarlo a él, pero como no podía, me incitaba a matar cada vez más patos.
Recuerdo también el legendario Súper Mario Bros, muy conocido entre mis colegas de juego y cuyo fin era que un personaje gordito, feo y barrigón (Mario) rescatara a una princesa encerrada en un castillo al que uno llegaba después de matar en varios mundos a punta de saltos o bolitas de fuego a varios monstruos, tortugas y otros especímenes que nunca supe que rayos eran. La aventura era fascinante y el tiempo que uno gastaba intentándolo era eterno, sin embargo, yo nunca tuve la proeza de rescatar a la codiciada princesa y lo único que encontraba en el castillo eran un mamarracho con cabeza de hongo y letreros en inglés. A juzgar por semejante apariencia, no creo que fuera la princesa que salía en la caja del casete. Como quien dice, Súper Mario me metió gato por liebre.
No miento cuando digo que fue mucho el tiempo el que le dediqué a esos rudimentarios videojuegos propios de la época, ya que en cierta parte ayudó a calmar mi soledad infantil en la cual solía estar. Mis primos llegaban a mi casa a jugar en mi consola porque ellos sólo tenían un juego y yo tenía un casete con mas de diez, de los cuales en algunos yo era la experta. Por eso, me hacía sentir importante y fuera de eso me traía compañía, en pocas palabras era perfecto. Hoy, el Atari con el que yo jugué ha muerto, la industria creció tan rápido que al poco tiempo de disfrutar al máximo del mío, llegaron otros mas poderosos, con mejores cualidades y Súper Mario volaba y hacía otro tipo de piruetas, así que el que yo tenía se convirtió en un vejestorio que incluso por ahí todavía está guardado en algún rincón de la casa.
Es bien claro que todos los que jugamos Atari por horas y horas, podríamos escribir unas memorias de nuestras tardes de ocio pegados al televisor no precisamente viendo novelas. Unos éramos “duros” en algún juego en especial y otros tuvieron también la fortuna de conocer a la princesa de Súper Mario. Como extraño esos tiempos, pues en medio de lo malo que podía llegar a ser –Según los regaños de mis progenitores- me trajo compañía y siempre dejaba como recuerdo los dedos pulgares hinchados de tanto oprimir los botones del control.
Ahora las consolas vienen con mil artefactos estrafalarios, e incluso los controles vibran cuando se hace algo mal. Maldita sea mi suerte, de haber tenido una pistola sin cables y con vibrador, probablemente habría podido matar al perro que se burlaba de mí noche tras noche, y quizás Súper Mario le habría dado bala a ese hongo que se hacía pasar por princesa cada vez que yo llegaba a un castillo.
