
Cuando tenía como 5 años estaba en clases de natación y el instructor me enseñaba a nadar con una tablita (como la de Guardianes de la Bahía) a la que tenía pánico pues el constante roce entre la tabla y mi quijada me dejaba una pequeña raspadura por tres días que todos ignoraban. Luego con el palo aquel de limpiar la piscina me decía que me cogiera y simulara nadar, el a su vez me iba llevando poco a poco hasta soltarme para que yo lo hiciera sola, el resultado: media piscina dentro de mis pulmones y el instructor intentando sacarme. Total, le cogí fobia a las clases de natación y siempre sacaba la excusa de que no había llevado vestido de baño, decía que se me había quedado en mi casa (¿que cosas no?) Finalmente aprendí a nadar pero no gracias a esa escuela, sino en la finca de una tía donde toda la piscina era para mí y nadie me obligaba, entre tanta chapaleada ¡lo logre! pero en cuanto a la natación como deporte, ni de riesgos!
Después mi padre quería que fuera tenista, propuso en ese entonces matricularme en una escuela de tenis, con la liga de Bogotá, para entrenar los sábados en la mañana, mi madre por su lado le pareció una cosa absurda y el hecho de que madrugara era peor, así que (él ni ella son deportistas y yo en mi infancia nunca di ni la mas remota señal de serlo) se opuso solemnemente y mi papá como todo hombre resignado ante la inapelante decisión de su mujer, dejó la molestadera y optó por no volver a insinuarlo. Conclusión: el tenis, tampoco, aunque faltó probar.
Mas grandecita, intenté con el "vóley " en el colegio muchas veces (y gracias a la clase de educación física aún más) pero nunca obtuve mas que antebrazos rojos, algunas ampollas producto de los golpes y un trauma (casi cráneo encefálico) gracias a la ultrasónica velocidad de los balones que en repetidas ocasiones me caían encima. Vóley: menos.
Entonces llego el básquet, tuve una amiga muy querida, que era basquetbolista, jugaba en los piratas de Bogotá y amaba locamente a Michael Jordan, me enseño algunos tiros, pases y algo de normas, no era tan mala, lo hacia bien y corría lo suficientemente rápido -gracias a las prácticas con rin rin corre corre- pero también me quitaban ese balón como si tuviera mantequilla en las manos, con una facilidad absurda, y fuera de eso he sido chiquita, lo que hacía imposible atacar y "cegar" al contrincante eficientemente, por lo cual nunca me vieron como una posible aspirante para un equipo. Básquet, por enana, no se pudo.
Ya por descarte, dentro de los usuales deportes escolares, quedaba el fútbol, las pocas veces que lo practiqué mandé balonazos a todos lados menos al arco, y en realidad no me llamaba la atención jugarlo así que dejé de hacerlo, conclusión ni natación, ni tenis, ni vóley, ni fútbol.